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lunes, 27 de octubre de 2008

Al compás de un abrazo que tirita


Hoy se mecen los instantes
al compás de un abrazo que tirita,
es el mar que me enseña
a escribir un poema
sin sentir ningún miedo,
porque el mar es la vida
de los que naufragamos.

La Voz de los Relojes de Ana Merino.

El día que yo cambie


No he nacido
para nada necesario
que no sea estar igual que los demás,
sumergida
en el continuo trasiego
de las cosas sin fondo.

No he nacido
para estar hueca por dentro,
aunque a veces silbe el aire
por los espacios de mí que están vacíos
porque no me quedan ganas
de crecer.

No he nacido,
fue otro anhelo invisible por la vida
el que quiso inventarme
vestida y con zapatos
y me empuja a fingir
que soy valiente,
y me obliga a existir,
a ser un personaje
descifrable en palabras.

La Voz de los Relojes de Ana Merino.

domingo, 26 de octubre de 2008

Escuchando mi silencio




Bordeo tantas cosas cada día
que me asusta
mi afición a los abismos.

La voz de los relojes de Ana Merino.

domingo, 19 de octubre de 2008

Ojos tristes al mirar los mapas


Mi vida se hizo frágil
al saberse mortal.
Aquel ritmo frenético
de los instantes y de su efervescencia
comenzó a ser corrosivo
y me partió en dos.

Quedaba yo a un lado
y también quedaba yo al otro.
Una mitad de mí miraba absorta,
la otra trataba de aprender
a caminar con una sola pierna,
y se apoyaba en los muebles
y estaba triste
porque el corazón
se había quedado en la mitad inmóvil.

Mi vida se hizo frágil
y mi corazón dejó de latir,
pero cuando quisieron juntar
todo mi cuerpo,
y enterrar mis dos mitades
en una misma fosa,
esa parte de mí sin corazón ya estaba lejos,
había puesto un reloj
en el espacio fingido de la vida,
y no estaba dispuesta
a morirse sin más
cosida al desaliento
de la mitad suicida de mi cuerpo.

La Voz de los Relojes de Ana Merino.